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ATENCIÓN PSICOLÓGICA
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| A continuación detallamos algunos de los problemas psicológicos que con más frecuencia nos encontramos en la consulta, no obstante, si no encuentra la información que está buscando póngase en contacto con nosotros. |
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¿Has tenido alguna vez una crisis de ansiedad?, ¿sabes qué es un ataque de pánico?, ¿alguna vez has sentido tu corazón ir tan deprisa que parece que quiere escapar y huye de un enemigo que está ahí, dentro de ti? Si lo has vivido, te habrás dado cuenta de que en ese momento todas tus alarmas se disparan. Sin duda es el paradigma de la amenaza, en el que habita con toda intensidad la pérdida del control. Entonces respirar se hace muy difícil, la sensación de ahogo es cada vez más acuciante, es como si el aire quemara y se cerraran las vías respiratorias. Para entonces los zumbidos en los oídos, la pérdida de visión —muchos hablan de visión en túnel— y, sobre todo, el temblor en los músculos de brazos y piernas atenazan como si de una mordaza se tratara. Todas estas sensaciones físicas y todos los pensamientos de muerte y de pérdida de control que las acompañan suceden a la velocidad de un rayo, y en menos de diez segundos has pasado de estar bien a sentir que te estás muriendo.
El miedo es una emoción esencial, actúa como freno y en muchas ocasiones como motor.
El fóbico y el contrafóbico sólo se diferencian en su respuesta. Lo curioso es que ésta no depende sólo de aquello que nos ocurre hoy, es fundamental lo que nos ocurrió en el pasado.
La ansiedad es experimentada por el ser humano a dos niveles: nivel psíquico y nivel corporal o somático.
Es por lo tanto, un estado emocional que se manifiesta como inquietud, nerviosismo, temor o miedo. Podríamos decir que el estado de ansiedad saca al individuo de un estado de equilibrio sumiéndole en un estado constante de hipervigilancia y tensión.
Cuando la ansiedad supera ciertos límites, se convierte en un trastorno y un problema de salud, que impide el bienestar e interfiere significativamente en las actividades de la vida cotidiana, familiares, sociales, laborales e intelectuales.
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Es el trastorno psicológico más frecuente y suele hacer mucho daño a la persona que lo sufre y a sus familiares, afectando a todos los ámbitos de la vida.
Se caracteriza por un estado de ánimo deprimido y por la pérdida del disfrute y del interés por las actividades cotidianas de la vida y por las cosas que solían interesar y gustar a la persona antes de la depresión. Además de estos síntomas, suelen aparecer: irritabilidad, ansiedad, cansancio excesivo y contínuo, problemas de sueño, cambios en el apetito y dificultades de contentración y toma de decisiones, sentimientos de inutilidad y culpa y problemas de deseo sexual.
También se aprecia una forma de pensar negativa acerca de la propia persona, de los demás, del pasado y del futuro, así como del entorno que le rodea. Pueden aparecer pensamientos recurrentes de muerte o ideación suicida, incluso intentos reales de poner fin a su vida.
Se dejan de realizar actividades placenteras y/o obligatorias o, si éstas se hacen, requieren de un gran esfuerzo por parte de la persona (por ejemplo, levantarse, lavarse, vestirse, ir al trabajo, estudiar, etc.). Si las actividades placenteras se siguen realizando, no producen el mismo nivel de satisfacción que antes de la depresión. |
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Cuando hablamos de fobia, nos estamos refiriendo a un miedo intenso, irracional y desproporcionado ante estímulos o situaciones que no son realmente peligrosos para nuestra supervivencia, manifestado en reacciones fisiológicas de ansiedad, por lo que en esas situaciones la persona trata de "escapar" o bien, trata de evitarla por todos los medios. Sufrir una fobia puede limitar más o menos la vida de la persona en función del tipo de situación o estímulo que provoca el miedo.
Algunos ejemplos de fobias son: fobia a la sangre y/o a los hospitales, fobia a los ascensores, a los perros, a las arañas, a las cucarachas, a la oscuridad, a los exámenes, al agua, a espacios cerrados, entre otros.
Un tipo de fobia bastante corriente es la fobia social, que es un miedo irracional y desproporcionado a ciertas situaciones que implican contacto social, como hablar con la gente, ligar, acudir a reuniones sociales o hablar en público, situaciones en las que la persona teme que los demás puedan formarse una mala imagen de ellos, criticarlos, humillarlos o rechazarlos. Así, algunos de los pensamientos típicos de un fóbico social serán; “pensarán que soy tonto”, “estoy haciendo el ridículo”, “se darán cuenta de que estoy nervioso”, "me están sudando las manos y se van a dar cuenta", etc.
La persona con fobia social, evitará las situaciones en las que cree que puede ser observado o evaluado por otra persona y en caso de acudir, lo afrontará con gran malestar y tratará de escapar de la situación lo antes posible.
También se suelen presentar problemas asociados, como baja autoestima y falta de asertividad (o capacidad de autoafirmarse, de expresar y defender sus derechos, sentimientos, opiniones y deseos, decir no, etc). |
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Se trata de un miedo irracional y convicción de padecer una grave enfermedad que no ha podido ser diagnosticada por los médicos, ya que, al experimentar sensaciones físicas (por ejemplo, de ansiedad) se interpretan como señal de una enfermedad física que, realmente, no existe. Suelen autoobservarse y quejarse con frecuencia de algún malestar físico, lo que les lleva a visitar a menudo a médicos y a acudir a los servicios de urgencias, donde se les realizan pruebas en las que no se manifiesta indicio alguno de enfermedad.
Se muestran muy preocupados por su salud, consultando libros o páginas web en busca de información médica que esté relacionado con la enfermedad que creen padecer. |
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Problemas de deseo-interés sexual, problemas en la excitación sexual (como por ejemplo, problemas para tener o mantener una erección en el hombre), problemas referidos al orgasmo (como por ejemplo, eyaculación precoz o retardada), dolor genital en las relaciones sexuales, imposibilidad en la mujer de conseguir la penetración, insatisfacción con la frecuencia del sexo en pareja, o fobias sexuales, son unas de las disfunciones sexuales más frecuentes que se trabajan en la consulta.
Se podría decir que en la base de estos problemas sexuales encontramos ansiedad o estrés, temor al fracaso, falta de habilidades y de conocimientos sobre la propia sexualidad, también la presencia de una educación rígida o un sistema de creencias desfavorables sobre cuestiones de sexo (“mitos erróneos”), presentes en muchos hombres y mujeres podrían constituir las principales causas de las disfunciones sexuales.
Por ello, el tratamiento psicológico o terapia sexual, en estos casos, comenzará proporcionando información y educación sexual adecuada, para eliminar falsas creencias que pudieran estar influyendo en el problema, así como la adquisición de habilidades de comunicación y la mejora de las relaciones generales de la propia pareja, en el caso de la que hubiese. |
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Un alto nivel de responsabilidades y estrés, poco tiempo dedicado al ocio compartido, intercambio de conductas poco gratificantes o desagradables entre ambos miembros, falta de comunicación o comunicación hostil y expectativas no satisfechas, son algunos de los factores que pueden generar problemas dentro de una relación de pareja.
Llegado este punto, son muchas las parejas que deciden resignarse a esta situación, llegando a desarrollar alguno de los miembros o los dos, otros problemas adicionales, como ansiedad y depresión, o incluso llevar al consumo de alcohol y otras sustancias; otras deciden separarse, y otras deciden darse una oportunidad más y acuden al psicólogo para mejorar la relación.
Se deberá evaluar e identificar los focos de conflicto, el estilo de comunicación que existe entre los dos, los aspectos positivos que todavía les unen y potenciar las interacciones que constituyan un intento de entendimiento.
El objetivo, es que las dos partes pongan en práctica ciertas técnicas muy sencillas (por ejemplo, entrenamiento en habilidades de comunicación) y que sepan trasladarlas al hogar, además de mejorar en lo posible el afrontamiento de responsabilidades y la frecuencia de actividades agradables compartidas. |
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La autoestima está muy relacionada con la satisfacción que una persona tiene con respecto a sí misma y a su vida. Una persona con baja autoestima difícilmente se sentirá satisfecha y se sentirá incapaz de conseguir aquellos objetivos que la llevarían a sentirse a gusto con ella misma. La baja autoestima suele manifestarse en una autocrítica constante de la persona a sí misma, autoevaluaciones negativas, culpa, sentimientos de inferioridad, predicciones de fracaso, alta frustración ante errores, inseguridad ante situaciones cotidianas y en las relaciones interpersonales y poca o ninguna autoafirmación ante los demás (problemas de asertividad).
Las personas con déficit en habilidades sociales experimentan aislamiento social, rechazo y una baja autoestima, como consecuencia de percibirse a sí mismas como incompetentes socialmente. Cuando las habilidades sociales son apropiadas, el resultado es un mayor sentido de autoeficacia y un mayor reforzamiento social positivo, tanto a corto como a largo plazo.
Las habilidades sociales son una serie de conductas (y también pensamientos y emociones), que aumentan nuestras posibilidades de mantener relaciones interpersonales satisfactorias y conseguir que los demás no nos impidan lograr nuestros objetivos. Una persona con habilidades sociales busca alcanzar sus propias metas pero también tiene en cuenta los intereses de los demás, y cuando entran en conflicto trata de encontrar, en la medida de lo posible, soluciones satisfactorias para ambos.
La asertividad es uno de los componentes fundamentales de las habilidades sociales ya que su objetivo principal es ayudarnos a ser nosotros mismos y a mejorar nuestra relación con los demás, haciéndola más directa y honesta. Una persona asertiva posee una actitud de autoafirmación y defensa de sus derechos personales, incluyendo como parte de ellos la expresión de sus propios sentimientos, preferencias, opiniones y necesidades de una manera adecuada, y respetando a su vez los derechos de los demás. Podríamos decir que la asertividad es la expresión de una sana autoestima en nuestra relación con los demás. |
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